El arte de comer bien

20
May
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Durante el primer año de vida, el aparato digestivo del niño va madurando y poder insalivar y digerir distintos tipos de alimentos aparte de la leche, a lo largo de su segundo año de vida, ya ha madurado lo suficiente para aceptar una variedad de alimentos y masticar correctamente, de manera que su dieta puede ser bastante similar a la de los adultos.

 En un año, el niño ya puede sentarse a la mesa y compartir el menú familiar, aunque todavía hay que ser cautos a la hora de introducirle los nuevos alimentos, este momento es muy importante para encauzar correctamente sus hábitos alimentarios.

No se trata de engañarle para que coma (juguetes, tele, monerías) o regañarle continuamente, sino predicar con el ejemplo, alabar las conductas apropiadas (halagos, caricias y felicitaciones) y procurar que el momento de las comidas sea agradable. Los trucos ayudan de momento, pero no educan.

Cuantos más sabores nuevos y variados se incorpore a su alimentación, más posibilidades existen de que se convierta en un niño capaz de probar y disfrutar con la comida, pero no hay prisa: es conveniente introducir las novedades poco a poco y hay que cuidar mucho la forma de ofrecérselas.

Por supuesto que lo mejor es educar el paladar desde que dejan el biberón, pero si no se ha logrado, no es hora de lamentarse ni culpabilizarse, sino de ponerse manos a la obra y buscar los medios para hacerlo. Cuanto más pequeño sea el niño, más fácil será modificar las conductas inadecuadas:

  • Se puede aprovechar el momento en el que el niño está hambriento para incorporar alimentos nuevos.
  • Al preparar las otras verduras en distintas proporciones para ir variando cada día su sabor. El mismo aspecto y sabor todos los días puede provocar que el niño se canse y termine rechazándolo.
  •  Igual que se les ofrece variedad de alimentos, hay que variar la forma de cocinarlos (fritos, hervidos, en puré, asados), así podrá ir descubriendo nuevos sabores y texturas.

 Por ejemplo, las verduras no son muy populares, pero en vez de ofrecérselas al niño siempre hervidas, se pueden disfrazar también en canelones, tortilla, pasteles…

  • Cuidar la presentación: la colocación en el plato e incluso el colorido los influye. Hay niños a los que no les gusta que se le sirvan en el mismo plato varios alimentos mezclados.
  • La temperatura también es importante. Muchos niños rechazan la papilla de frutas porque está fría.
  • Asegurarse de que las raciones sean las adecuadas para que no aborrezcan la comida ni tengan que “picar” entre horas.
  • Establecer unos horarios regulares y algunas reglas básicas para las comidas, de modo que se establezcan una serie de rutinas y que todos sepan lo que no está permitido hacer en la mesa.
  • Las salidas a restaurantes regionales o con cocina de otros países pueden ayudar a ampliar su cultura gastronómica. La novedad consigue que los niños prueben platos que no comerían en casa.
  •  Los aperitivos son también una forma de introducir alimentos nuevos.

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